jueves, marzo 08, 2012

Día a dia

Pensé que iría siendo más fácil según fuera pasando el tiempo. Por supuesto que contaba con que sería un proceso largo pero lo que estoy viviendo nada tiene que ver con lo que había imaginado.

Han pasado poco más de dos meses y en algunos momentos me parece que ha pasado una eternidad pero lo cierto es que cada día me parece más duro que el anterior. Cada mañana se me hace más difícil levantarme de la cama para enfrentarme a lo que ese día me pueda deparar. Mi vaso está colmado y me pregunto cuánto más puedo resistir, cuánto puedo aguantar. Me siento como si fuese una cinta elástica que alguien está poniendo a prueba tirando de los dos extremos cada vez un poquito más para ver cual es el punto en que pierde la elasticidad... es decir, el momento en que me volveré total y absolutamente loca, el momento en el que me trasladaré a vivir a un mundo alternativo creado en mi cabeza porque ya no aguanto la realidad.

Esta semana ha sido particularmente dura y el día de hoy ha sido la guinda del pastel. No sabría decir el motivo pero todo, absolutamente todo, me resulta insoportablemente doloroso. Es curioso, porque estos días parece que algunas cosas se van aclarando y que se intuye (más que verse) una luz al final del túnel; y me resulta llamativo porque, aun así, lo cierto es que parece que nada pueda hacer la situación más llevadera.

Aunque mi mundo se ha parado, el mundo exterior sigue girando a una velocidad que me resulta intolerable. Tengo cosas que hacer y plazos que cumplir pero lo único que me apetece es acostarme y taparme la cabeza con la manta.

Recuerdo con frecuencia las palabras de un amigo que me dijo que en este tipo de situaciones, en las que te sientes al límite, debes ir poniéndote metas cortas y que lo primero es ir venciendo batallas al tiempo superando los días uno a uno sin pensar más allá de eso, para hacer la vida más soportable mientras encontramos las fuerzas para peleas más serias. En esas estoy, tratando de pasar los días; tratando de entender lo que pasa a mi alrededor a la vez que me esfuerzo para que la realidad no me supere.

Paso a paso, día a día...

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viernes, enero 13, 2012

... Vida Nueva

Pues sí, año nuevo y vida nueva, nueva casa, nuevas rutinas y nuevas responsabilidades. Hemos estrenado 2012 a lo bruto y sin anestesia. He esperado para volver al blog no sólo a tener un poco de tiempo (no he tenido un momento de tranquilidad desde el 30 de diciembre), sino también a que se me pasara el cabreo.
Se puede pensar que es absurdo o ridículo cabrearse con alguien que ha muerto pero es lo que he sentido y no voy a justificarlo. Ahora que el cabreo y el dolor intenso y punzante han sido sustituidos por otro dolor, uno sordo y continuo, uno que parece permanente, puedo decir que comprendo muchas cosas que antes se me escapaban.
Muchas veces dije que mi relación contigo, Mamá, no era una relación típica y tradicional de madre e hija; era más bien una relación entre dos personas adultas que se quieren y se aceptan como son... a pesar de todo. Pero hoy te echo de menos y lo hago como una hija extraña a una madre, sencillamente. Cuando llego a casa por la noche aún tengo la intención de coger el teléfono para llamarte y preguntarte ¿qué has comido hoy?.
Siempre digo que todas las cosas que ocurren tienen un sentido, que la vida es como una sucesión de  puzles sin la tapa con la foto y en el que la mayor parte de las veces no podemos ni siquiera intuir cómo será la escena una vez esté acabada. Y sin embargo, pocas veces he tenido tan claro el sentido de lo que ha sucedido. Tengo que añadir que eso no lo hace más fácil, pero el hecho de "comprender" siempre ayuda.
Cómo dijo Dani, te tengo que agradecer los hermanos que me has dado; tengo la sensación de que sin ellos me sería imposible levantarme y continuar porque tu muerte hubiese sido la gota que colmara el vaso.
Me queda la tranquilidad de saber que te fuiste con la seguridad de haber cunplido tu cometido y de haber hecho un buen trabajo a pesar de lo difícil que fue todo para ti casi desde el principio.
No pretendía publicar una parrafada tan sentida pero cuando me pongo a escribir nunca me sale lo previsto.
Para acabar, gracias Patricia, Gema, Raquel y Dani.

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